Seguidores

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nuevos pecados capitales

Se puede ser inmoral, pero no amoral. Un humano amoral es un psicópata, un monstruo. Porque el hombre es consciente y libre, ignorante y débil. Un ser sediento de bien y experimentador del mal. Un ser metafísico, que es, pero que aspira a ser más o mejor. Alguien viviente en un ser en perspectiva de un deber ser, en función de un modelo antropológico, sea héroe, honrado campesino, santo, caballero, mercader o técnico.
De manera que puede aceptarse una moral u otra, pero es difícil vivir al margen de moral alguna. Hasta los grupos terroristas poseen su "código ético".
Una prueba irrefutable del sentido del bien y del mal la verifica el sujeto pasivo, que deja de ser relativista si es golpeado, vejado, robado o engañado; entonces clama por el respeto a la integridad física y moral, el derecho a la propiedad o el cumplimiento de lo pactado.
Se pueden considerar "desfasados" los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza), pero no es probable que se dejen de señalar determinadas conductas como pecado, mal, daño... Al no poder negar la existencia del mal, surge la necesidad de señalarlo y estigmatizarlo.
Algunos pecados con vigencia social en nuestro mundo son la obesidad, el tabaquismo, el machismo, la homofobia y la "ademocracia" (rechazo de la democracia).


El problema de la ética fragmentaria, oportunista, reduccionista y unilateral es que incurre en muchas contradicciones, al desgajarse de un árbol antropológico y de una savia vivificadora.

La obesidad es negativa; pero más aún esa publicidad que presenta delgadeces de salón de belleza; idealizaciones que perturban la aceptación del propio cuerpo y patologizan la nutrición.
El tabaco es dañino, pero no se sostiene que el Estado reciba con una mano los beneficios de la venta de tabaco y con la otra gaste dinero público en campañas antitabáquicas.
Si por machismo se entiende la falta de respeto a la mujer en múltiples actitudes, hay que condenarlo; pero también es condenable un feminismo que niega el hecho diferencial femenino y masculiniza a la mujer.
La homofobia es ejemplo de palabra inventada, esto es, de manipulación lingüística. Se pasa de la exigencia de respeto a las personas homosexuales (respeto irrenunciable) a la exaltación del modelo antropológico sexual de estilo dogmático. Todas la personas son respetables pero, desde luego, todas las ideas (también las de la ideología de género), discutibles.
El establecimiento de la política como religión y de la democracia como su propio culto ha producido la sacralización de la democracia, que no es otra cosa que un sistema de gobierno. Las objeciones a la democracia (que por supuesto no es concepto unívoco) se perciben como pecado que ha de purgarse con la pérdida del honor con el sambenito de medios de comunicación y deseables penas en la hacienda y en la privación de libertad.
La fabricación fragmentaria de nuevos pecados no resiste la confrontación no ya con el decálogo mosaico, sino tampoco con la Ética a Nicómaco.
Desde el voluntarismo emotivista entregado, en el mejor de los casos, a una razón matemática, y, en los más, a una acción inmediata que solo mira a un resultado presumiblemente útil el diagnóstico sobre el mal, sus causas y su terapia se vuelve imposible.



No hay comentarios:

Publicar un comentario